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Por: Tetyana Tarapata

Internacionalista

“La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, una frase célebre del político y decimosexto presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln que, indudablemente, refleja el propósito y la esencia de la verdadera democracia. A propósito de esta frase y de la celebración de la conferencia titulada “Gobernabilidad democrática y participación ciudadana en América Latina” organizada por la Fundación Arias, se debe priorizar el tema de la democracia dentro de la agenda latinoamericana.

Un régimen democrático no debe confundirse únicamente con elecciones y la libertad de expresión. Es mucho más complejo. La democracia, como tal, es un conjunto de principios e ideales, símbolo de un régimen de convivencia político y social en el que se genera consenso por las mayorías, pero con respeto irrestricto a los derechos de todos los individuos, incluso a los que son parte de la minoría. Esto, es la real esencia de la democracia.

América Latina, actualmente, presenta una extraordinaria paradoja en esta materia. Por una parte, puede sentirse totalmente orgullosa al contar con un significante número de gobiernos democráticos. Sin embargo, por otra parte, en una gran cantidad de países persisten profundas desigualdades, serios niveles de pobreza, un crecimiento económico insuficiente y una extendida insatisfacción ciudadana, lo cual en su conjunto conlleva a consecuencias preocupantes y desestabilizadoras.

Costa Rica no escapa de ello, sin embargo, las diferencias son predominantes. De acuerdo con el informe de The Economist Intelligence Unit (EUI), en el año 2015 solamente dos países de la región -Uruguay y Costa Rica- son calificados con el nivel de democracias plenas, mientras que otros países del continente latinoamericano se encuentran sufriendo de una seria incapacidad de un progreso efectivo en cuanto a la democratización.

Entonces, ¿hacia dónde debe dirigirse la actual democracia latinoamericana? Más allá de la búsqueda de una mejora en los aspectos económicos y sociales acompañada de una activa participación ciudadana, es necesario redirigir la visión latinoamericana hacia una garantía de la seguridad democrática que vaya de la mano de una efectiva gobernabilidad y buenos principios que reflejen el ser y la verdadera esencia de lo que representa América Latina.

La contundente carencia de integridad y de una buena gobernanza recae en la inaceptable corrupción, además de desencadenar una fuerte desconfianza hacia las instituciones públicas. Por tanto, la necesidad de una buena política, un gobierno abierto y participativo, además de los principios de transparencia y rendición de cuentas son esenciales para las naciones latinoamericanas.

El alcance de una verdadera democracia no debe limitarse a una intención acompañada de promesas, se debe centrar en la generación de un debate que promueva la calidad de una democracia real, la búsqueda de una conciliación entre el régimen democrático y el desarrollo económico en el marco de sociedades cada vez más cambiantes, más diversas, más complejas y más modernas con el objetivo primordial de que la propia democracia logre responder a la cantidad de demandas que surjan en la nación. Estos son los puntos que deben agendar los países latinoamericanos para generar un debate en un futuro cercano si pretenden alcanzar un régimen democrático consolidado.

La cuestión democrática en América Latina, indudablemente, es un pilar fundamental y característico de la región, por tanto, es necesario enfatizar en que se debe volver la mirada una vez más hacia los factores que procuren una seguridad democrática en los próximos años si la región latinoamericana desea seguir disfrutando de una plataforma democrática plena. Una verdadera democracia debe de progresar, hacerse de su propio desarrollo y esto, justamente, queda en manos de las propias naciones que aspiran a alcanzar ese desafío.

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