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Por: Carlos Hernández

Con el desarrollo  y profundización del modelo de globalización hay varios fenómenos que se han adaptado a esta nueva dinámica, como lo son los crímenes transnacionales. El tráfico de armas es uno de ellos. Se ha convertido en uno de los delitos de mayor repercusión en el planeta, debido a que moviliza  gruesas sumas de dinero gracias a los tentáculos que trascienden en el ámbito político, económico, social y cultural en casi todos los países, incluyendo Colombia por supuesto. Sin embargo esta amenaza de la que tanto se habla, en realidad poco se ha estudiado, sumado a que las medidas tomadas por los gobiernos internacionales para desarticularla han sido ineficaces en una gran proporción, debido a que el mayor productor de armas ligeras que es Estados Unidos, tiene una reglamentación escasa y pocos controles para el acceso a arsenales ultramodernos y letales, son proclives a llegar a manos de criminales o grupos terroristas de carácter transnacional.

Por eso en este escrito, de manera informativa serán señaladas algunas de sus características principales para profundizar en su entendimiento. Citando el caso mexicano por ejemplo, la legislación de ese país establece que el tráfico de armas, se presenta cuando: “… una persona o conjunto de ellas participa en la introducción al territorio nacional en forma clandestina, de armas, municiones, cartuchos, explosivos y materiales de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas…”

En primer lugar es necesario indicar que el tráfico de armas se divide en dos categorías, y es la segunda parte en la que se profundizará: Se trata del tráfico Legal e Ilegal de armas, el cual constituye un crimen transnacional de gran  impacto en los países que son destino o receptor(es) de estos flujos siniestros que alimentan a la criminalidad organizada. Para comprender el delito del tráfico de armas es necesario saber que las armas son tratadas como mercancías las cuales obedecen a unas lógicas de su particular mercado y que hay una estructura económica poderosa través de la cual funciona con éxito.

En el tráfico de armas como en cualquier mercado, es evidente que hay oferentes y demandantes del producto. El que el tráfico de armas sea al margen de la ley no determina sus ganancias, las ganancias se basan en la cantidad de armamento de alto valor en los diferentes países a donde llegan sus flujos.

Según registros de la organización internacional Small Arms Survey, la comercialización de armas ligeras, municiones y equipamiento bélico alrededor del mundo, produce ganancias superiores a los treinta mil millones de dólares. Todo esto sin importar desde luego las implicaciones infaustas para las sociedades víctimas de esta conducta.  De igual forma existen unos elementos constitutivos que permiten que el mercado se desempeñe: Se trata de la disponibilidad de armas, el acceso a los arsenales y el factor precio que establece, en gran medida, las ganancias que este comercio genera. Es necesario señalar que el tráfico de armas es, después del narcotráfico, la actividad criminal más rentable, seguida por la trata de personas. Esto determina en gran parte su existencia y persistencia en el mundo actual, al punto de desafiar gobiernos y poner en aprietos al establecimiento,  así como sucede en México y Colombia con el narcotráfico y el crimen organizado. No en vano, se cuentan por millones las armas que existen en estos países llegando a escandalosas proporciones, como en el caso Colombiano donde hay cuatro armas ilegales por cada arma legal o en México donde el 85% de las mismas son ilegales y provienen de EE.UU.

Desde luego, al constituirse como un delito transnacional en una estructura de particular mercado se generan diferentes eslabones en la cadena de valor que agregan plusvalía y rentabilidad a este delito. Entonces surgen productores, transportadores, intermediarios, representantes, organizaciones, distribuidores y compradores, obteniendo cada uno un margen de utilidad y sirviendo de engranaje de este sistema siniestro de donde podría salir  la expresión “Señores de la guerra” personajes sin rostro conocido, pero con absoluto poder como para determinar las condiciones económicas, políticas y sociales de un país.

Como lo señalan estadísticas consultadas en el informe “Tráfico de Armas” del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de México de 2014 la mayoría de asesinatos y crímenes en la región de América Latina y el Caribe, son realizadas con  armas de corto y mediano alcance. En gran parte de ellas traficadas ilegalmente.  

Al respecto, la Red Internacional de Acción contra el Tráfico de Armas Pequeñas y Ligeras, estima que en el mundo circulan 875 millones de armas, el 74% de las cuales se encuentra en manos de civiles. Lo más preocupante es que la industria legal, que se asienta en 92 países, produce 8 millones de armas y 16.000 millones de municiones.

Sin lugar a dudas se trata de un tema crítico, ejecutado con un alto nivel de sofisticación por parte de cabecillas y sus organizaciones, prestos para la comisión de diferentes delitos. Desde luego esta actividad ilegal, es el combustible que alimenta los conflictos armados que se desenvuelven alrededor del mundo,  pero es proveedor más que todo, de la criminalidad local afectando principalmente la seguridad ciudadana. Por esto se puede afirmar que el tráfico de armas pequeñas y ligeras ha constituido y constituye en la actualidad y desde hace más de 25 años, en las verdaderas armas de destrucción masiva ya que cientos de miles de personas pierden su vida al año debido a estos artefactos. En otra enorme proporción, son utilizadas para cometer delitos generando problemas de todo orden y limitando el accionar legítimo del monopolio de la violencia de los Estados, hasta el punto de desafiar el establecimiento por fondos casi ilimitados de esta actividad delictiva.

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