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El sistema ‘tecnopolar’ del siglo XXI: la rivalidad entre los Estados y las empresas tecnológicas.

Por: Alondra Ruz / Estudiante Diplomado Política Exterior Mexicana y Diplomacia Publica CIBEI

En un artículo de la Revista Foreign Affairs se asegura que, aunque los Estados han sido los actores primarios en las relaciones internacionales desde hace aproximadamente 400 años, el orden internacional establecido por las entidades estatales está empezando a cambiar por un gran puñado de empresas tecnológicas que compiten por la influencia geopolítica (Bremmer, 2021). Para el autor, lo que denomina ‘el momento tecnopolar’1 establecerá las bases para dirigir la siguiente revolución industrial y conducirnos hacia alguno de los futuros digitales posibles bajo esta tendencia. Sin embargo, de forma un poco más temeraria que la de Bremmer, me atrevería a decir que no se trata de sólo un momento sino del Sistema Internacional del siglo XXI.

Si bien la globalización trajo consigo un mayor desarrollo, el incremento de la riqueza, innovación tecnológica, interconexión e interdependencia, la profunda crisis financiera de 2007-2009 puso en cuestión la estructura del sistema internacional que se había establecido desde la década de 1990. Junto a la globalización, las políticas neoliberales evidenciaron los errores estructurales, el riesgo, la desigualdad y las asimetrías del orden que construyeron los Estados a través del multilateralismo, la cooperación internacional y las integraciones, tanto internacionales como regionales.

La recesión económica implicó aumentos en los niveles de desempleo y migración; nacionalismos y xenofobia; la implementación de políticas proteccionistas; el surgimiento de movimientos de extrema derecha e izquierda; escepticismo e incertidumbre. Sin embargo, no se demostraría sino hasta la primera crisis sanitaria del siglo – la pandemia del COVID 19 –que, mientras los Estados se preocupaban de lo urgente para reestructurar el sistema financiero global, las empresas multinacionales y transnacionales habían ganado terreno en espacios donde una figura estatal ni siquiera tiene inferencia.

Redes sociales, banca electrónica, plataformas de educación y trabajo, por mencionar algunas; las empresas digitales llegaron para modificar la forma en que nos relacionamos, trabajamos y hacemos las compras. De manera soberana y autónoma, las compañías tecnológicas insertan nuevas dinámicas de interacción, comportamiento y naturaleza en los espacios físico y virtual. Es una competencia constante con la principal función del Estado: establecer las condiciones idóneas para promover el desarrollo.

Lo más interesante es que una empresa tecnológica tiene injerencia en los ámbitos de educación, trabajo, economía, finanzas, seguridad nacional, el ciberespacio y el espacio ultraterrestre; los dos últimos, sin regulación internacional estricta. La democracia no ha trascendido al espacio virtual, por lo que la actuación del Estado se ve mermado en dicho territorio. Con esto no se quiere asegurar que el Estado sea obsoleto; al contrario. Se trata de un llamamiento a los entes nacionales, pues si bien las empresas no sustituyen completamente las funciones del Estado, sí son dignos rivales de la capacidad de influencia y geopolítica que tengan.

Recientemente diversos Estados han buscado aprovecharse del desarrollo tecnológico que el siglo XXI trae consigo, invirtiendo principalmente en la industria bélica. Submarinos nucleares estadounidenses; misiles hipersónicos rusos; el incremento de la capacidad nuclear de Corea del Norte; la tecnología de espionaje israelí; construcciones de centros de ciberdefensa, como el proyecto británico; y la nueva diáspora de alianzas militares, como AUKUS (BBC News Mundo, 2021). Pese a las severas acusaciones que recibió Rusia cuando ocho de sus diplomáticos fueron acusados de espionaje y expulsados de la OTAN (Deutsche Welle, 2021), la crisis del multilateralismo de la última década parece afrontarse a través de
nuevos mecanismos de cooperación e integración, especialmente en materias de defensa colectiva y transferencia de inteligencia. Después de que Taiwán afirmara que China será capaz de realizar una invasión a la isla en gran escala para el año 2025 (BBC News Mundo, 2021), Estados Unidos respondió que se encuentra ‘comprometido’ con defenderla en caso de un conflicto armado con Pekín (RT en español, 2021).

Aunque no todo desarrollo tecnológico tiene una sombra bélica. Las multinacionales y transnacionales han desarrollado alternativas a energías no renovables que apoyan a la instrumentación de políticas del Estado. El megaproyecto chino del ‘Collar de Perlas’ (El Orden Mundial, 2021) conectará al menos 70 países a través del comercio, infraestructuras y tecnología de punta; siendo quizás la inversión realizada en construir ciudades sustentables desde cero – en lugar de ‘convertir en verdes’ a las ya existentes – la principal enseñanza de la estrategia dirigida por Xi Jinping, ya que resulta más rentable.

China, India, Japón, Corea del Sur y naciones como las Islas Mauricio; no importa su tamaño, están apostando por el futuro de la robótica, Inteligencia Artificial (AI, por sus siglas en inglés) y de competencias digitales; por liderazgos más humanistas, estrechando los lazos naturales entre los miembros de la comunidad internacional; así como por disciplinas específicas para reducir la incertidumbre ante la complejidad que plantea el futuro: gestión del agua, ciencias agrícolas y el liderazgo espiritual, entre las más destacadas.

Por lo anterior, se proyecta que las compañías tecnológicas continúen con su expansión en áreas que trascienden las regulaciones políticas, nacionales e internacionales, dejando entrever que no son un brazo más del Estado. Recaerá en ellas la responsabilidad sobre el ejercicio de su autonomía, consolidándose como un sujeto internacional con la capacidad de agencia e influencia semejante a la del Estado-Nación; sentando así las bases del nuevo capitalismo de datos e inteligencia.

Como coinciden diversos autores, si la mejor forma de predecir el futuro es crearlo, es preciso prestar atención a lo que están creando los países hoy. Anteriormente, la Revista Forbes México publicó un artículo en que se declaró al siglo XXI ‘del continente asiático’ porque era innegable que el centro del poder económico mundial se estuviera desplazando hacia esta región (Santos, 2020). A partir de entonces se han exaltado las discusiones sobre la unipolaridad, bipolaridad o multipolaridad del sistema; la Trampa de Tucídides en la que caen Estados Unidos y China; e incluso sobre una Guerra Fría 2.0.

Hoy en día me permito compartir que, desde una perspectiva personal, el sistema internacional parece estarse configurando en torno a dos actores de capacidades similares: los Estados y las empresas tecnológicas. Estableciendo así nuevos patrones de comportamiento y tareas pendientes, pues sólo el Estado podrá decidir si está dispuesto a delegar sus funciones o compartir su posición privilegiada con el resto de los actores. Si bien Bremmer (2021) añade el utopismo tecnológico como uno de tres futuros digitales potenciales, yo no considero que sea el caso; dada la necesidad de funciones fundamentales que tiene el Estado con lo relativo al reconocimiento y protección de sus connacionales. En este sentido, las entidades políticas que conocemos continuarán existiendo.

El ser humano no es capaz de proyectar exponencialmente; y con esto se hace hincapié en el ámbito tecnológico, pues los avances que en ocasiones ha estimado que ocurran dentro de 15 o 20 años, suceden en menor o mayor tiempo. Es por ello que, en estos momentos, puede que el futuro no sea claramente visible. No obstante, el orden mundial ya cambió; lo hizo cuando las empresas tecnológicas se apoderaron de internet, movilizaron a
las masas y llegaron al espacio. El siglo XXI es de los Estados y las empresas tecnológicas, entes primarios del nuevo Sistema Internacional Tecnopolar, quienes nos dan la bienvenida al futuro.

Referencias
BBC News Mundo. (2021, 16 septiembre). En qué consiste Aukus, el pacto militar anunciado por Estados Unidos, Reino Unido y Australia (y por qué desató la ira de China). Recuperado 23 de octubre de 2021, de https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-58579238

Bremmer, I. (2021, 21 octubre). The Technopolar Moment: How Digital Powers Will Reshape the Global Order. Foreign Affairs. Recuperado 22 de octubre de 2021, de https://www.foreignaffairs.com/articles/world/2021-10-19/ian-bremmer-big-techglobal-order

Deutsche Welle (www.dw.com). (2021, 6 octubre). OTAN expulsa a ocho miembros de la misión rusa por espionaje. DW.COM. Recuperado 23 de octubre de 2021, de https://www.dw.com/es/otan-expulsa-a-ocho-miembros-de-la-misi%C3%B3n-rusapor-sospechas-de-espionaje/a-59429397

Santos, M. (2020, 1 enero). El siglo XXI es el siglo del continente asiático • Red Forbes •. Forbes México. Recuperado 23 de octubre de 2021, de https://www.forbes.com.mx/el-siglo-xxi-es-el-siglo-del-continente-asiatico/Mundial, E. O. (2021, 17 agosto). ¿Qué es la Nueva Ruta de la Seda china?

El Orden Mundial – EOM. Recuperado 24 de octubre de 2021, de https://elordenmundial.com/que-es-la-nueva-ruta-de-la-seda-china/

RT en Español. (2021, 22 octubre). Biden dice que EE.UU. «se compromete» a Defender Taiwán si es atacada por China y Pekín insta a Washington a «no enviar señales erróneas» a la isla. Recuperado 23 de octubre de 2021, de
https://actualidad.rt.com/actualidad/407954-biden-eeuu-comprometerse-defendertaiwan-china

Wang, M. (2019). The Effect of Spiritual Leadership on Employee Effectiveness: An ntrinsic Motivation Perspective. Frontiers. https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2018.02627/full#:%7E:text=The %20purpose%20of%20spiritual%20leadership,altruistic%20love%20in%20the%20
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