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Por: Carlos Hernández

El mundo siempre se ha visto poderosamente influenciado por los acontecimientos políticos y tendencias que ocurren en Washington, pero como pocas veces, el panorama está lleno de incertidumbre y augurios de desolación, como con la actual designación popular de los estadounidenses -de un millonario- en la primera magistratura de la Casa Blanca. Esto se presenta porque en una campaña electoral atípica, un magnate de los bienes raíces bronceado, de Nueva York, logró hacerse con la mayoría de votos de los colegios electorales, de manera que por ventaja significativa logró imponerse como presidente, como candidato del partido republicano frente a una dispersa y errática candidatura de los demócratas; sin perjuicio que a todas luces su candidata, Hillary Clinton, reunía de mejor manera las competencias necesarias para dirigir la superpotencia mundial.


El mundo frente a los acontecimientos electorales en los EE.UU. tuvo varias reacciones que se fueron matizando o agudizando conforme avanzaba la campaña y las intenciones de voto no dejaban ver con claridad quien iba a ser el presidente número 45 de la Unión Americana. Primero, nadie le prestó atención a Donald Trump porque no reunía las cualidades y competencias para dirigir nación alguna y porque no contaba con el apoyo de sectores importantes e imprescindibles de su partido. Conforme avanzaba la campaña y lanzaba acusaciones infundadas a contrincantes y medios, fue tomando notoriedad en el electorado republicano con diferentes argucias y elucubraciones tendenciosas frente al manejo controversial que le daría a los principales asuntos de interés nacional. Posteriormente el mundo pensó que no tenía oportunidad frente a las credenciales y experiencia de la ex Secretaria de Estado y ex Primera Dama, la flamante Hillary Clinton, por lo cual se mantenía la opinión que se trataba de un payaso que no tendría ningún chance de llegar a la Casa Blanca. Sin embargo, como celebridad acostumbrada a lidiar con medios y controversias, los medios seguían cada una de sus polémicas declaraciones, mientras la competencia en las toldas republicanas se agudizaba y se perfilaba como posible candidato del partido. En ese momento el mundo veía con un mezcla de asombro e incredulidad que tal personaje llegara a la Casa Blanca, pero comenzaba el sendero de la incertidumbre, por lo errático y controversial de sus proposiciones y declaraciones, como la de no reconocer los resultados si no salía vencedor.


Finalmente, llegó la etapa final de la campaña a finales de 2016 y se enfrentaron el magnate y la candidata republicana en unas elecciones muy apretadas, tras las cuales el mundo vio con asombro como la plutocracia en su máxima expresión, llegaba a la primera magistratura de EE.UU. A partir de ese momento, se sabía que los escenarios más o menos predecibles de la política norteamericana tomarían un rumbo desconocido, para lo cual el mundo debería adaptarse a la nueva dinámica marcada por este nuevo presidente republicano que amenazaba no sólo el statu quo estadounidense, sino estructuras globales y geopolíticas del poder, generando la antesala a un desequilibrio en todo sentido en donde se enfocaban sus propuestas.


De la campaña se puede resumir que la sobriedad, seriedad y madurez política que había caracterizado las campañas electorales en EE.UU. fueron reemplazadas por infiltraciones mutuas, acusaciones graves, escándalos y perversidad de los candidatos a todo nivel, y propuestas disparatadas, a los ojos del mundo, como las realizadas por Donald Trump. Sin embargo lograron la finalidad de atraer sobre sí la mayor cantidad de atención posible, jugando al populismo identificando falsos enemigos, chivos expiatorios y manipulando el sentir de las masas en situación de desfavorabilidad. Ese puede ser el destino de EE.UU., el enfrentar un escenario de populismo de corte capitalista y neoliberal que tiene el potencial de convertirse en un coctel explosivo tanto para EE.UU. como para el mundo.


Pero es necesario identificar la campaña de Trump, que dicho sea de paso, en los primeros días de su mandato, ha ejecutado algunas de las controversiales medidas propuestas por su plan de gobierno. Como se puede presumir del país capitalista, imperialista y neoliberal, el dinero es lo que cuenta, y con base en ese factor llegó a la Casa Blanca, por lo cual no es errado hablar de plutocracia, máxime si se tienen en cuenta algunas de sus controversiales propuestas de gobierno. En primer lugar, es necesario aclarar que se infiere que se apeló a la psicología de las masas con la ayuda y exposición que brindan los medios de comunicación para hacer más ruido y atraer la atención del electorado. Con base en eso se jugó a identificar las problemáticas de más grande dimensión que enfrenta esa nación y colocarlas en el centro del debate para proyectarlas como enemigos comunes y usándolas como chivos expiatorios, lograr la favorabilidad del elector, primero el republicano y luego el indeciso o independiente.


Con esto en mente, se enarbola un discurso cuasi populista sobre temas de trascendencia para el elector como los asuntos migratorios, el empleo, las transnacionales norteamericanas, la repatriación de capitales, el cambio climático, la OTAN, el libre comercio, el combate del terrorismo, el conflicto palestino-israelí, entre otros, que lograron que la atención del elector se pusiera sobre Donald Trump y de esa forma lograra cada vez más adeptos. Pero aunque parezca legítimo que un país tome decisiones sobre su rumbo a través de elecciones presidenciales libres, lo cierto es que muchas de las propuestas de campaña y el manejo que se le pretende dar a los asuntos de interés y seguridad nacional –que tienen repercusiones sobre las dinámicas en el resto del mundo- entrañan no sólo riesgos para el propio país sino que pueden llevar al planeta a una situación de confrontación y rivalidad que puede terminar amenazando la paz y la seguridad internacional. Los más beneficiados con esta elección parecen ser los empresarios de Wall Street que han visto subir los puntajes de la bolsa a niveles históricos por la promesa de bajar impuestos y aumentar los incentivos, y los rusos, quienes según se dice -por orden del presidente Putin- influenciaron la elección presidencial estadounidense hackeando e infiltrando la campaña demócrata. Incluso se ha aseverado que Trump es un agente de la inteligencia rusa que trabaja desde hace años para el Kremlin. De estas magnitudes son las consideraciones y posibles repercusiones de la elección de este millonario.


Ahora bien, pasado mes y medio de iniciado el período de gobierno de Donald Trump, se han tomado algunas de las controversiales medidas anunciadas en la campaña electoral. El mundo ha visto con asombro como se van cumpliendo las propuestas de campaña como la orden ejecutiva para sacar a EE.UU. del Tratado Transpacífico, la construcción del muro en la frontera sur con México, el veto a los migrantes de países musulmanes, los cuestionamientos a la OTAN, la cancelación de los tratados de libre comercio con Australia, las conversaciones con la gobernante de Taiwán, el traslado de la embajada americana en Israel a Jerusalén y la construcción de los oleoductos y gasoductos que amenazan el medio ambiente, a lo largo de EE.UU. Asimismo se ha visto con asombro como se han elegido los miembros del gabinete, que han brillado por su desconocimiento de los asuntos que van a manejar o porque están en contra de medidas propias de sus carteras. Entre estas se encuentran nombramientos como el del Secretario de Estado ex presidente de una compañía petrolera, una Secretaria de Trabajo que está en contra de subir los salarios y un Secretario del Tesoro con fuertes intereses en la banca privada.


Por eso se caracteriza el gobierno de Trump, según muchas fuentes consultadas al respecto, puesto que algunas de sus medidas más populares son dañinas a los propios intereses de los Estados Unidos, desconocen las realidades y consecuencias del cambio climático, amenazan a las clases populares en aspectos como la salud y la educación y además entrañan muchos peligros contra la paz y la seguridad internacional, como por ejemplo los ataques y desafíos a la República Popular China. Asimismo se plantean grandes riesgos como la restructuración de la OTAN, las posturas de generar al mundo más neoliberalismo mientras los gringos practican el proteccionismo a su plenitud, y el reforzar lazos de dominación con países como Colombia. Como se puede prever la situación se puede volver álgida en cualquier momento.


Ahora bien, el Capitalismo como modelo de relación social de producción imperante en el mundo globalizado e interdependiente, tiene su mayor y desastrosa expresión en el modelo económico de EE.UU. y tiene al mundo sumido en un proceso donde cada vez se produce más riqueza pero que genera cada vez más pobres, al punto que más de la mitad de la población del planeta vive en la miseria. Sin embargo, los EE.UU. se han visto beneficiados de manera inescrupulosa de este sistema inequitativo, por lo cual no parece racional que quien se ha beneficiado más del esquema, ahora cambie de postura y sumerja a la mayor economía del mundo en el proteccionismo, mientras al resto del mundo le proclama el libre comercio. Es necesario recordar que posturas similares significaron el retroceso de procesos de globalización con anterioridad a la Primera Guerra Mundial. Entonces lo que indica el análisis es que desde Washington se pretende reforzar aún más los lazos de dominación, que significarían serios retrocesos para el desarrollo global y la independencia de las naciones, o se tiene preparado otro escenario calculado en el cual EE.UU. se vea mayormente beneficiado.


En segundo lugar, el gobierno Trump, al menos hasta ahora, se caracteriza porque ha elegido un equipo de trabajo sin experiencia, sin competencias, sin credenciales y con fuertes conflictos de intereses como fue descrito anteriormente. Hay que pensar que estos cargos no sólo manejan asuntos esenciales de agenda doméstica, sino también de agenda internacional, por lo cual deben enfrentar complejas e importantes negociaciones con experimentados miembros de gobiernos extranjeros como puede ser el caso de China, Rusia, India, Brasil, Sudáfrica e incluso los propios países europeos, por lo cual se puede establecer que su desempeño en tales escenarios puede dejar mucho que desear, o incluso que si son tan irracionales e intransigentes como el propio presidente, entonces se puede dañar el consenso y por esa vía amenazar la seguridad y la paz internacional.


Finalmente, y aunque no está claro porque no sería normal que ocurriera, diversas fuentes, pasando por Michael Moore hasta otros analistas, coinciden en señalar que Donald Trump no acabaría su período de mandato por lo impopular de sus medidas o la imposibilidad de llevar a cabo su plan de gobierno. De hecho, la sociedad norteamericana está fuertemente polarizada y la imagen de este presidente alcanza bajos niveles pocas veces vistos. El escenario sigue estando lleno de incertidumbre y muchos gobiernos –como el mexicano- están pasmados ante las medidas domésticas e internacionales del gobierno que eligió este particular presidente. Hasta el momento sólo se puede establecer este pequeño diagnóstico mientras se puede plantear y analizar de mejor manera el futuro de la dinámica interna y externa de la Unión Americana. Por lo pronto basta decir que los estadounidenses han decidido, con este gobierno, acentuar las posturas propias del capitalismo que son las de egoísmo e individualismo que tanto daño han generado en muchos pueblos del mundo, por la orientación equivocada de las dinámicas sociales, económicas y políticas que traen consigo la ruina y la degeneración de los valores de la sociedad en donde pocos son los beneficiados, cimentando su progreso en masas empobrecidas y subyugadas que tratan de subsistir pero que ven truncadas sus esperanzas, como es el caso de 3.000 millones de personas sobre la Tierra. Desde luego, esto hace un llamado al replanteamiento del modelo de sociedad que se quiere en el mundo y en ese país, por uno cooperativo, solidario y colectivo.

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