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Guerra en Siria II: La historia de la revuelta

Por: Carlos Hernández

Siria tiene un gobierno laico representado por el partido Baath que es una vertiente laica árabe de socialismo y nacionalismo que surgió durante la guerra fría como el deseo de unificar una República Árabe en la región. A ella estaban afiliadas Siria, Egipto, Irak y Yemen y tenían como propósito establecer una sola organización político-económica social y jurídica para lo cual tenían que eliminar al Estado de Israel, otra de sus grandes finalidades. El actual mandatario sirio, asumió el poder en el año 2000 tras la muerte de su padre, pertenecientes a la tribu de los alawitas quienes provienen de unas tribus guerreras milenarias de la región. Tras la subida al poder, el gobierno de Bashar Al Assad promovió una serie de reformas con miras a modernizar el país y se abrió un debate político acerca de cuáles debían ser los derroteros de la nación para el nuevo siglo. Desde luego no era todo perfecto, pero los sirios gozaban de un buen nivel de vida, con una economía sólida y proyecciones de desarrollo favorables. Incluso había una fuente de ingreso por turismo sustancial por las maravillas arqueológicas y arquitectónicas allí presentes.

La aparentemente estable situación no había preparado en cuanto a defensa y seguridad nacional al Estado sirio para enfrentar el intervencionismo y la experiencia de los servicios secretos occidentales en agitar la población, guerra de guerrillas, terrorismo y amenazas asimétricas. Este sería un factor distorsionante que jugaría en contra del pueblo sirio. Como es de suponer, todos los intereses geopolíticos descritos con anterioridad se juntaron en siria y se evaluó desde los centros de poder global, que para acabar con la influencia de Irán en la región y destruirlo, era necesario primero atacar siria para que cayera bajo la influencia occidental y de esta manera tener las manos libres en oriente medio para suprimir la supuesta amenaza que representa Irán para occidente.

Es entonces cuando se toma la decisión de atacar siria, pero se concluye que no se puede hacer abiertamente por los ingentes recursos que requeriría, la oposición de las masas y un despliegue estratégico que ni siquiera EE.UU. está en capacidad de asumir, menos frente a la opinión pública gringa que no quería ver más soldados norteamericanos morir. Entonces se produce el encuentro con sus aliados como Gran Bretaña, Francia, Israel, Turquía, Arabia Saudita y Qatar, tras lo cual deciden promover un escalamiento sostenido de las acciones, desde 2010, hasta que las contradicciones llevaran al colapso del sistema institucional del gobierno del Presidente Al-Assad y así instaurar un gobierno títere como en los demás países de la región.

Con esta finalidad, se toman tres direcciones: Por un lado, promover levantamientos populares –los cuales no tuvieron mucha acogida pues no había contra qué protestar-; la segunda, armar y proyectar como ejércitos, a los sectores de oposición, y tercero promover un levantamiento -de la mayoría sunita- de un fundamentalismo religioso extremo apoyados y entrenados por los servicios secretos occidentales, que contarían con el apoyo de sanguinarios mercenarios y que atacarían desde la frontera con Irak. En efecto, los levantamientos populares se suprimieron porque no tenían fundamento, pero la inserción de mercenarios y fundamentalistas religiosos sunitas, tuvo un éxito apabullante frente a las fuerzas del Ejército Árabe Sirio del gobierno, que ingresaron desde la frontera sur y por la frontera norte con Turquía, y rápidamente se hicieron con el control de grandes extensiones de terreno en el oriente y sur occidente del país. Inclusive, estos grupos armados irregulares tomaron posiciones en provincias y distritos sunitas enclavados en la parte occidental del país que es de mayoría chiíta y que es el más densamente poblado. Esto se produjo porque además de las grandes cantidades de armamento que fueron introducidas por los servicios secretos occidentales, se les financió y se les entrenó en combate irregular, para lo cual el ejército regular no estaba preparado, ni en doctrina, ni en armamento, ni en entrenamiento, y menos para desarrollar operaciones antiterroristas, antisubversivas y contra reaccionarias, por lo cual fueron superados fácilmente.

Desde luego, el Ejército Árabe Sirio cometió errores operacionales y logísticos en las primeras fases de la guerra que colocaron al gobierno contra las cuerdas casi al punto de llegar a la derrota y el colapso institucional. Parecía que la suerte del pueblo sirio estaba echada, pero resistía por la valentía de un ejército que seguía combatiendo en nombre del pueblo y por la presencia de tradicionales aliados como Rusia, Irán, Hezbollah, China e incluso Cuba, quienes apoyaron con pertrechos, entrenamiento, reestructuración del ejército, actualización de doctrina y armamento, al gobierno, de manera que la situación se estabilizó en el frente. Es decir que las potencias más importantes del mundo estaban combatiendo en un mismo país, por lo que algunos señalaron que se trataba del desarrollo de la Tercera Guerra Mundial, un auténtico polvorín que amenazaba con desbordarse y generar la confrontación abierta entre las potencias occidentales, y Rusia, China y sus aliados.

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