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¿UN SÍNTOMA DE DESPRESTIGIO DE LA CLASE POLÍTICA?

La primera vuelta en las elecciones a la presidencia en Colombia, arrojó un abstencionismo del 60%, un 10% más bajo del presentado en las elecciones del 2010 y la cifra más alta registrada durante los últimos 20 años, pero en promedio durante los últimos años el abstencionismo gravita alrededor del 50%. Antes de auto flagelarnos analicemos como están nuestras cifras respecto la tendencia mundial (en países donde no existe el voto obligatorio). En Latinoamérica, sobresalen por su bajo abstencionismo países como Ecuador (20%), Perú (20%), Argentina (21%) y Venezuela (20%). En la misma región aparecen con altas cifras de abstencionismo Colombia (50%), México (36%) y Chile (44%). Otros países que podemos usar de referencia son: Estados Unidos (42%), España (28%), Francia (20%) e Italia (25%).

Desafortunadamente Colombia está dentro del grupo de países con mayor nivel de abstención electoral, pero no es el único. Como dice el viejo adagio “Mal de muchos…”. Miremos las tesis que hay alrededor de las posibles causas de éste fenómeno, preocupante para muchos, ya que cuestiona el tipo de democracia ejercida en los países que lo padecen. Hay tres interpretaciones; la primera habla de que la política tiene su propia dinámica y que las cosas cuando van relativamente bien, no hay miedos, y en consecuencia no hay que ir a votar. La segunda interpretación es que no hay que ir a votar porque los ciudadanos no creen en los políticos y que acudir a las urnas no cambiaría nada. La tercera interpretación muy parecida a la segunda es aquella que dice que en países donde el nivel de percepción de la corrupción es alto, la cual está muchas veces está atada al gobierno, la gente se abstiene de votar como una forma de protesta y de respaldo indirecto a un posible cambio en el sistema de gobierno. Empecemos por la tercera interpretación. Comparemos el índice de percepción de los países ya mencionados con el abstencionismo para tratar de detectar alguna correlación entre estos indicadores. De acuerdo a la tabla 1, países con altos niveles de corrupción como Venezuela (bajo puntaje) ubicado en el puesto 165 de 176, Argentina puesto 102 e Italia puesto 72, tienen bajos niveles de abstencionismo, por tanto esta teoría no sería válida a la luz de estos indicadores.

Tabla 1. Abstencionismo vs nivel de corrupción

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Llama la atención los casos de Estados Unidos y Chile, países con un bajo nivel de percepción de corrupción (puestos 19 y 20) pero con niveles de abstencionismo de 42% y 50%, situación en la cual podría tener validez la primera interpretación, aquella que dice que si el país va bien no hay necesidad de ir a votar. En el caso de Colombia, México y Honduras, seguramente la interpretación más valida es la dos: muy poca confianza en los políticos. El abstencionismo DEL 60% presentado en la última elección en Colombia es una prueba que apoya esta teoría.

En conclusión el nivel de abstencionismo en cada país puede tener una explicación diferente, dependiendo de las particularidades de cada uno de estos, el nivel de bienestar y el nivel de confianza o prestigio de su clase política. En Colombia es evidente que el prestigio de los políticos está por el suelo; el 50% de los ciudadanos perdieron la confianza en ellos desde hace muchos años y con razón, gracias a su generalizada persistencia en el favorecimiento de sus intereses personales o familiares por encima de las necesidades de todo un país. Prevalece aún en ellos aquel egoísmo ancestral que nos lleva a los colombianos a sobreponer nuestro bienestar en detrimento del bienestar de los demás. Esa actitud egoísta la podemos observar en todas partes, y hasta en nosotros mismos, desde aquel conductor que estaciona su vehículo en la mitad de la calle para recoger a un pasajero, obstaculizando el paso de decenas de otros vehículos, hasta aquel que se infiltra en una larga cola para estar de primero y no tener que esperar.

Recuperar la confianza en los políticos es un proceso que requiere mucho tiempo, y su ingrediente principal es el cambio en la actitud egoísta que lleva irremediablemente a la corrupción y el desprestigio. La contribución que podemos hacer todos los ciudadanos es cambiarnos a nosotros mismos y la forma como nos comportamos en todos los escenarios, y votar; porque si no ejercemos la democracia, ¿cómo podemos exigirle a nuestros dirigentes que trabajen honrada y juiciosamente por el progreso, la justicia y el bienestar de todos?

Por: Abdón Sánchez. Presidente Grupo Empresarial Notinet Ltda.

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